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¿Cómo podría el Brexit acabar de joder nuestro planeta?

  • Jun 25, 2016
  • 3 min read

Ahora que el mundo entero se está lamentando de que los británicos hayan sido tan tarados como para votar por salir de la Unión Europea, mientras estamos inundados de información con los costos políticos y económicos del abandono, nosotros nos preguntamos: ¿Qué significa el Brexit para el medio ambiente?

Si tu primer pensamiento fue “nada bueno”, estás en lo correcto. Sólo hay que ver quiénes están detrás y nos daremos una idea de los efectos potenciales.

El Brexit y todas sus nefastas premisas fueron promovidos por políticos de extrema derecha, que, como en todos lados, están al servicio de los ultra ricos y capitalismo voraz de las grandes corporaciones. Quienes abogaron por la separación son, además, los mismos que se han cansado de negar la veracidad del cambio climático. Ahora ellos llevan la delantera política en Gran Bretaña.

Tras la renuncia del primer ministro David Cameron, todo apunta a que en octubre, cuando los británicos elijan un nuevo premier, optarán por un derechista radical, lo que podría significar pésimas noticias para las leyes ambientales internas.

Peor aún, el tratado de París estaría en riesgo. El acuerdo que hace 6 meses firmaron 195 países para comprometerse a combatir el cambio climático no es legalmente obligatorio y depende únicamente de la buena voluntad de los signatarios. Si un país tan importante rompe filas, podría hacer que el acuerdo, sostenido con pinzas, se tambalee seriamente.

Nigel Farage

Nigel Farage, lider del ultraconservador United Kingdom Independence Party y uno de los principales promotores del Brexit.

Es cierto, difícilmente Inglaterra sola –porque Irlanda y Escocia ya están considerando separarse del Reino Unido- podría reventar el pacto más grande que se ha logrado en materia climática; el problema es que se convierta en la primera pieza de dominó que cae.

Francia, los Países Bajos, Dinamarca, Suecia, entre otros, ya tienen voces que piden referendos similares. Si la tendencia toma fuerza y la UE se resquebraja, le diríamos adiós al más importante órgano regulatorio en materia ambiental del planeta y estaríamos ante una oleada ultraconservadora, en la que escépticos climáticos a favor de la no regulación llegarían al poder en algunos de los países más ricos e influyentes del mundo.

“El voto (a favor del Brexit) podría ser el primer paso para borrar algunas de las leyes fundamentales que protegen nuestro ambiente”, escribió John Sauven, director ejecutivo de Greenpeace UK para el Huffington Post. “El sistema de más extenso y riguroso de protección ambiental acaba de convertirse en un montón de fichas en el casino del Brexit”.

Este escenario funesto de desintegración europea probablemente tardaría años en consumarse, sin embargo, hay otra amenaza monstruosa del otro lado del océano que podría alimentarse con el mismo virus.

El 8 de noviembre de este año, Estados Unidos tendrá la que posiblemente sea la elección más crucial de la historia para la salud del planeta. En ella está en juego no sólo la sucesión presidencial, sino una serie de políticas que podrían reafirmar los compromisos contra el cambio climático o mandarlos directo a la coladera.

Donald Trump, ferviente –y por ferviente quiero decir imbécil– negador del calentamiento global, celebró la votación del Brexit diciendo que veía “muchos paralelismos entre Gran Bretaña y EU”. Tiene razón. Los argumentos con los que convencieron a la gente de votar por salir de la Unión Europea bien pudieron haber emanado de la pestilente boca de Trump. Ahora, el peor peluquín de la historia espera que este resultado catapulte su campaña.

Donald Trump y su carita de retrasado mental.

No quiero parecer exagerado, pero si Trump llega a la Casa Blanca y, como todo parece indicar, rompe el acuerdo de París, nuestra última esperanza de evitar aún los peores efectos del cambio climático, al mundo como lo conocemos le quedan pocos años.

De consumarse esta posibilidad, nuestra generación viviría un grave proceso de deterioro del planeta. Los peores pronósticos –elevación del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, tormentas monstruosas, colapso de ecosistemas, extinción masiva de especies– se harían realidad en las próximas décadas y, aunque tal vez no nos toque a nosotros, el futuro cercano se ve muy lúgubre.

Claro, ante cualquier escenario existe la esperanza de un cambio radical de paradigmas, resistencia popular, voluntad insospechada de algunos gobiernos progresistas, giros mercantiles y financieros, sin embargo, estamos ante un momento crucial y cualquier error, más aún uno del tamaño del Brexit, podría hacernos perder la última chance que tenemos de reaccionar.

Esto por supuesto no quiere decir que el Brexit puso en marcha la debacle global. Yo sigo creyendo que se tomarán las decisiones correctas y que podremos corregir el curso antes de que el buque se estrelle. Sin embargo, la tendencia no puede ignorarse. Estamos ante un momento crucial para nuestro planeta, no podemos dejar que la oportunidad de conservarlo se nos escape de las manos.


 
 
 

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